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big in taiwan

febrero 02, 2007

En aquel boliche de La Paloma, aquel día no había mucho para hacer, solo quedaba tomar mas whiskey.
Acodados en la barra, debatiendo con balbuceos que no se como hago para entender temas que no puedo recordar estábamos mis dos amigos y yo.
Ya eran cerca de las ocho de la mañana y el sol empezaba a quemarme los ojos.
El DJ, horrible por cierto, pasaba los temas brasileros que tanto odio y encima los cortaba de una manera grotesca. Y cada tanto metía al Peyote para matizar. Y después Sumo. Ese tipo estaba pidiendo a gritos que lo despidan y nadie le cumplía el sueño.
El paisaje era desolador, pasaban chetos que se hacen los hippies de un lado para el otro tambaleándose, pero estaba todo bien, esta bueno fingir ser alguien que no sos un par de semanas aunque el resto del año sean personas que tampoco sepan bien quienes son. Pero estaba todo bien, repito, porque Vat y yo somos amigos.
En un momento de silencio tuve la idea loca de no tomar más por el resto de las vacaciones, pero tuve que descartarla porque era solo una idea en estado de ebriedad.
De repente, una carita angelical –la carita mas hermosa en 14km a la redonda- se sentó en unas sillas ahí cerca nuestro acompañada por una amiga de carita no tan angelical.
La economía del encare grupal siempre es delicada, no hay que superponerse. Yo siempre dije que nosotros éramos el bueno, el malo y el feo. Lo único que siempre íbamos rotando los roles. La cuestión es que de los tres, nuestra mecha punta de diamante (el feo) avanzo instantáneamente consciente de sus posibilidades y se encargo de la carita que no destacaba. Es una decisión estratégicamente correcta: "cuanto mas feas, menos capacidad de rechazo tienen.".
Los otros dos (yo, el malo; él, el bueno) nos mandamos unos segundos después, me puse en el centro, por así decirlo y el otro al costado de la chica mas linda.
La conversación no era para nada fantástica, pero obviamente había una puja por alcanzar a la más linda. Mano a mano. Hasta que llego una pregunta en la que adoro improvisar:

- Y ustedes que hacen?
- Me dedico a la cría de marmotas.
- Jajá!
- Y vos? Refiriéndose a mi amigo.
- Yo soy publicista.

Eso fue un golpe de gracia en todo sentido, una herejía, un acto depravado, una puñalada. No sabia si cagarme de risa o empalarme el faro de la paloma entre las nalgas hasta convertirme en una atracción turística.
Es que cuando decís algo así, sabes lo que provocas. Es cortar grueso, es un arma de destrucción masiva conocida como el efecto Gere.
Les explico: en el inconsciente colectivo, Richard Gere equivale a sex symbol. Y Richard Gere es el publicista por excelencia en las películas. Y los publicistas en las películas son tipos despreocupados, artistas que modelan la mente de la sociedad a merced de los antojos de su cerebro brillante.
Existe la creencia de que todos los publicistas viven en lofts enormes en Manhattan y manejan los mismos autos que James Bond o James Dean, pero sin chocar. Supuestamente viven de ideas que surgen en tres minutos y son millonarios a los treinta. Y después si, se dedican a la cría de marmotas en sus islas privadas de la Polinesia Francesa. Básicamente una farsa.
Volviendo a la historia, miré a mi amigo. Le habían aparecido unas canitas al estilo Gere y un antifaz de ladrón haciendo juego. Y una sonrisa de degenerado que no podía ocultar luego de tan fraudulenta declaración.
Y después la mire a ella. Tenía los ojitos brillosos y no dejaba de mirarlo, cautivada.
Fue el devastador efecto Gere. No tenía nada que hacer. La barra me llamaba, de última, Vat y yo somos amigos.

el tercio de los sueños

enero 14, 2007

Cuando terminaste la escuela, todos te firmaron la túnica y te ponían mas o menos las mismas cosas, sentías que nunca los querías perder, era tu mundo, eran tus amigos aparte de vecinos y te hacías la cabeza pensando tener la veterana edad de dieciséis y tener historias como las de Montaña Rusa.

La pelota era el astro rey de tu galaxia, las compañeritas eran algo así como enemigos excepto dos: La que te gustaba y no te daba bola y la que gustaba de vos que (por ley de Murphy) te parecía horrible; y era efectivamente horrible.

Después en el Liceo viviste como todos eran súper amigos con súper demostraciones de cariño eterna, los tqm, los insoportables corazoncitos con iniciales y la flecha, las polleritas subidas (que por cierto, ahora aprecio mas y mejor), el misticismo de que te gustaba tal o cual y todo lo que había alrededor. La pelota perdía terreno frente al par de melones de esa compañerita tetona que siempre hay. Tuviste que aprender a convivir con eso. Aprendiste lo que era odiar, cuando sistemáticamente tenías que hacerlo con las boy bands. Te agarraste tus primeros pedos brutales y te dejaron tirado, te putearon, te escapaste de tu casa, te agarraste a las piñas, en definitiva: una vida épica pero minimalista.

Cuando terminaste el liceo, sentiste algo parecido a la escuela, lo único que te imaginabas terminando cualquier carrera en tiempo record, viviendo en un loft y manejando un auto deportivo, con un poco de fama y con una novia hermosa con la que te ibas a casar (despues de los 30 obvio) y tener a tus hijos (sobre los que tenias que acordar el nombre), pero antes de eso ibas a tener una vida de sexo, drogas, pánico y locura y todas las sensaciones que podías ver en las películas.

No sabías bien quien eras y por eso andabas cambiando de onda cada tanto, no sabias que estabas siendo o hacia donde ibas, pero el éxito estaba al final seguro. Ahora ya no te importaban tanto las tetas de las compañeras, también te importaba la carita, la cola y si tenía guita. Ya era todo un conjunto. Aún tenías estómago y te habías empolvado la napia alguna que otra vez y habías tenido algo así como un coma etílico, aunque nadie esté seguro.

Después la vida te empezó a cagar a patadas. Empezaste a sentir que tal vez el mundo era cruel y lo confirmaste, encadenaste un montón de cagadas formando una racha negativa que luego recordás como una crisis con depresión y todo. Te sentiste perdido. Te volviste a reencontrar y te perdiste igual de fácil, pero de otra manera como la vez anterior. En definitiva, te creíste crack y fuiste un gil. Te creiste un banana y lo eras, pero lo aprendiste a recordar con una sonrisa.

Ahí algo te hizo clic, ya tenías el lomo curtido y lo mejor de todo, habías aprendido que no iba a ser la ultima vez. Comprendiste que todas las cosas cuestan y que así como cuestan un montón, las podes perder en cuestión de segundos. Entendiste que la vida es corta y que perdiste algo de tiempo, pero que todavía te quedaba mucho para revertirlo.

Te hayas hecho o no te hayas hecho preguntas, sabemos vos y yo que es así.
Probablemente ya habías tenido un par de amores enfermizos, un par de amores intrascendentes y muchas gorditas que por el bien de tu ego olvidás y nunca contás.

La vida te golpeó y te tuviste que sobreponer. Nada te golpea tan duro como la vida. Si lo dijo Rocky, es verdad.
En esos casos contaste con tus amigos, esos amigos que seguro que no se parecen en nada a los de la escuela y el liceo, gente que fuiste recogiendo de todas partes, gente con la que el vinculo lo decidiste hacer vos y cuidarlo, porque cuesta, pero rinde. Esos hermanos que te da la vida.

Personalmente cuando me acordé de todo esto, ya estaba cumpliendo veinticinco años, había recorrido algo así como un tercio de mi vida (mas o menos, va a depender del Cáncer). Había aprendido un montón de cosas, batí records de cagadas ya sea en cantidad o calidad. Ya había tenido el pelo largo, ya me había rapado, ya había cometido algunos delitos y había evitado otros. Atenté contra mi mismo y contra los demás. Quise romper todo y lo hice, quise reconstruirlo a mi manera y lo hice. Pude hacerlo otra vez pero al final no quise. Era mejor convivir con eso, como buen irlandés ideológico, se convivir con cosas nocivas ad-eternum, de ser necesario.

Había aprendido a perder, a ganar, a pedir perdón, a no perdonar, a olvidar, a ignorar y millones de cosas mas que ahora no quiero ni podría enumerar.
Pero no me había aburrido de equivocarme y de querer seguir adelante, mejorar y desde un punto de vista tan utópico como relativo, de triunfar. La vida se trata de resistir los golpes y seguir adelante, eso es lo que te mantiene vivo. Y lo dijo Rocky, pero también lo digo yo. Porque así lo siento y espero seguir haciéndolo.

te prefiero asi...

enero 14, 2006

Juguetes Perdidos

Amontonados en el fondo de una camioneta bastante destartalada, viendo la ruta en sentido inverso mientras se oculta el sol es imposible para mi hacer silencio y sentir que las cosas van y vienen y vuelven a volver. Rodeado de amigos, volviendo a la ciudad –si es que a Montevideo se la puede llamar así- todo lo que queda atrás para mí es mas que un camino y lugares distintos. Cada vez que me alejo de algo, como una enfermedad es que tengo que pensarlo y repensarlo. No puedo pensar en las cosas cuando estoy en ellas. No puedo entender a las personas ni esa enorme falacia simplificadora de vivir solamente el presente. Para una persona solitaria vivir del pasado y avanzar tienen que ir a la par para evitar extinguirse. Sin el soporte de alguien que me entienda, en parte por no saber compartirlo y en parte por obra del destino es que me transforme en mi mejor colaborador. Seek and Destroy. Duck and Cover demostró con creces no ser efectivo.

Hay una naturaleza muy disímil entre mis “yo”. Artificiales o no, me manejo de esa manera. Lo considero una virtud ya que poniéndome en mi lugar, fuera de mí y en el lugar de un tercero es que puedo encontrar una visión más exacta aunque no perfecta como en la distancia.
Si bien todo va en círculos, el camino de ida y vuelta no es una espiral perfecta, en mi caso es mas bien una mandala dibujada por alguien con Parkinson. Supongo que teniendo mi edad ya no se puede pensar de una manera solamente actual. Sabiendo que todos piensan mas o menos en el tema de la edad y la posmodernidad, no me sirve de consuelo. Tiene que haber algo más. No sé si es fuego o una luz o un camión de frente, pero hay que cambiar. Creo que los cambios son mas bien fortuitos pero inducidos, como la suerte.

Te tenemos allí
abandonado allí
preso como un animal
(como un animal feroz)
así las cosas, la fiera más fiera
¿dónde está?

El toxi-taxi viene y va
y tu sombra va detrás

Ya nadie va a escuchar tu remera

En lugares de reunión de gente como el tristemente glorioso Pub-Parador “300 metros” donde solo faltaban gordos hawaianos vestidos con camisas floreadas y esos yinyanes que venían en los calzoncillos baratos que mama me compraba y cuyos ejemplares yacen en mi cajón, es que descubro que algo de mí cambió.
Explicarlo no es difícil, lo difícil es escribirlo. Por un lado un grupo de gente con camarita digital que estaba aburrida, de repente sonreía para la foto y bailaba. Como si ese aparatito solo tuviera que atestiguar momentos felices falsos. La era del entretenimiento cala hondo en la gente que no va mas allá. No es que no puedan ser felices. El problema es que sacar fotos con sonrisas falsas es como crear un recuerdo de una mentira.
Por otro lado, un adolescente (16 años a reventar) que en la barra pedía shots de tequila con Malibu parecía sentirse apegado a un ambiente que todos alguna vez deseamos integrar. El barman no preguntaba, los niños son los mejores clientes con la platita de papá y mama. Un lenguaje corporal mezcla entre Justin Timberlake rapeando en estado de esquizofrenia y un bebe siamés unido por el cerebro a una serie teenager son la mejor descripción del borrego. Me sentí muy identificado, pero por fuera.
Mientras, con mi ropa mojada, llena de arena, sucia y mi bandanita –que muchos catalogan de gay, pero que era lo único que tenia- y degustando un Blenders doble, miraba la luna y escuchaba Templo de Momo (“...además de tu sonrisa, además de cómo mentís, vas a copiar del templo de momo viejas medicinas para soñar...”).

Botellas de Johnie rojo
de Johnie negro y ron
y de cachaca, doncella loca
que calma tu dolor.

¡Gran lady!

Boob Commander

El poder hipnótico de un par de grandes pechugas sigue rompiendo mi halo de sociólogo borracho, no pude mas que sentirme un infractor de la ley al admirar las mamas de las menores que algunas totalmente drogadas se movían al son de una banda que seguramente no entendían, pero como ahora esta de moda la ondita rebel, era cool ser así. Verlas en el pogo me ponía feliz. Los órganos que alimentarán a sus hijos se impregnaban de revolución y Oktubre demostraba ser fantasmalmente unificador. Nada importa sino demostrar que soy parte de algo. Supongo que en esa danza loca yacía la respuesta a la pregunta de muchos. No importa donde estemos ni a donde vamos, lo importante es pertenecer a la diversión. El entretenimiento rellena los vacíos ideológicos. El entretenimiento es ideología.

Es casi hipnótico
(El tic no alcanza a tac)
Ni me moja el paladar
El ritmo efímero!
El grito efímero!
(Pero te creo...)

Fuegos de Oktubre

Hoy no podría haber una revolución y si la hubiera saldría en DVD con Black Eyed Peas versionando “Sunday Bloody Sunday” mientras que la mujer infernal esa menea sus posaderas con una cadencia que seguramente es producto de un grupo de psiquiatras especialistas en hipnosis carnica a distancia.
Siempre me pregunto porque hay tanta maquinaria para hacernos reír. No es casualidad que la depresión sea tan masiva hoy en día. Siempre hay un momento en que se rompe el cable y no anda la PC en la que descubrimos que nuestra existencia esta plagada de mediaciones para aliviar el dolor de existir en una época y en un mundo donde las buenas mentes escasean y donde Jorge Rial y mi querido Luis Ventura nos educan sobre los hechos que nos importan.

Llegando ya a la civilización el vacío se hace sentir. Todo sigue como antes, Super Mario ahora tala como un Obdulio Varela, Camarotta suda por televisión abierta y consigue sponsor de Salus. Nada esta atado a nada pero hay algo cierto. Una vida envidiable es una vida divertida. No hay tiempo para pensar un poco mas allá. No hay motivos aparentes para hacerlo. Pertenecer es el objetivo y mientras festejar un poco la alegría de creer que vivimos y somos “únicos, especiales y llenos de luz” como diría la sacerdotisa de la diversión, Cris Morena.

Estás cambiando más que yo.
Yira! Yira! Yira!
Asusta un poco verte así.
Yira! Yira! Yira!
Cuanto más alto trepa el monito
(así es la vida) el culo más se le ve.