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En un momento, que sospecho tiene que ver con la adultez, le damos otra chance a nuestros padres y empezamos a disfrutarlos después de haberlos tenido en el infierno durante la adolescencia y en el cielo durante la niñez.
En mi caso particular, lo empecé a ver así cuando vi que padres de amigos y conocidos iban muriendo.
En mi memoria recuerdo cuando la gente de veintipico me parecía vieja, inalcanzablemente vieja y ahora abro los ojos… y tengo esa edad, damn.
Lo peor no fue darme cuenta que mi viejo era mas bien un tipo que tomaría por gil, ni que mi vieja es el tipo de mina con la que jamás me colgaría, lo peor fue otros padres y darme cuenta que algunas madres cercanas seguro que eran medio zorritas -y se les da-, terminaron casadas con lo primero o lo único que las tomó en serio.
O que el padre de un amigo es un freak a la baja. El único tipo del planeta que pasó de parecerme brillante a un reflejo brutalmente religioso de la intolerancia. El creador de frases únicas como “Hey, no quieren llevarse alguna Biblia más?”, como si uno comiera biblias con el postre, o “Las estufas a gas son mas lindas que las de leña”, blasfemia total.
El padre de otro es feliz asando cosas –y yo también lo sería- en su disco de arado. Y eso si que es disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
Y la vida acá si que es poco más que eso.
Mi viejo aprendió a hacer masticables, le quedan poderosos.
De derechista cerrado a cocinero admirador de Narda, lo más emocionante de su vida es jugar al MahJong en Internet.
Mi vieja es new age. Busca espiritualidad para llenar los vacíos de la menopausia. Si fuera joven sería bulímica seguro.
Como todavía mis cartas no están jugadas del todo, me doy el lujo de creer que sería terrible padre, ídolo total.
Y como paso casi natural, empiezo a ver en cada mujer, su reflejo adulto. Y eso me genera problemas.
No estoy pensando en eso, pero es algo cada vez más latente.
Tampoco me puedo quejar, mi prontuario viene siendo amplio y eso me asegura una mejor base para elegir. El problema de abarcar, en este caso es que me impide jugarme todo a un número puesto y tengo que convivir con mi soledad, triplemente sola. Y la sensación de haber dejado pasar un par de mujeres dignas por no ir a buscarlas. Cuesta aceptarlo.
Les propongo un juego: La próxima vez que toquen una teta pregúntense si sería una teta digna para sus hijos. Pruébenla y testeen el material como sus padres lo hicieron. Si tenés tetas, fijate en el tipo que tenés al lado y que tipo sería. Seguro que le da otra textura al tema, si no es digna, disfrutá el juego, si es digna, disfrutá también sabiendo que estas últimas contrario a lo que se cree aparecen pocas veces en la vida.
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Cuando terminaste la escuela, todos te firmaron la túnica y te ponían mas o menos las mismas cosas, sentías que nunca los querías perder, era tu mundo, eran tus amigos aparte de vecinos y te hacías la cabeza pensando tener la veterana edad de dieciséis y tener historias como las de Montaña Rusa.
La pelota era el astro rey de tu galaxia, las compañeritas eran algo así como enemigos excepto dos: La que te gustaba y no te daba bola y la que gustaba de vos que (por ley de Murphy) te parecía horrible; y era efectivamente horrible.
Después en el Liceo viviste como todos eran súper amigos con súper demostraciones de cariño eterna, los tqm, los insoportables corazoncitos con iniciales y la flecha, las polleritas subidas (que por cierto, ahora aprecio mas y mejor), el misticismo de que te gustaba tal o cual y todo lo que había alrededor. La pelota perdía terreno frente al par de melones de esa compañerita tetona que siempre hay. Tuviste que aprender a convivir con eso. Aprendiste lo que era odiar, cuando sistemáticamente tenías que hacerlo con las boy bands. Te agarraste tus primeros pedos brutales y te dejaron tirado, te putearon, te escapaste de tu casa, te agarraste a las piñas, en definitiva: una vida épica pero minimalista.
Cuando terminaste el liceo, sentiste algo parecido a la escuela, lo único que te imaginabas terminando cualquier carrera en tiempo record, viviendo en un loft y manejando un auto deportivo, con un poco de fama y con una novia hermosa con la que te ibas a casar (despues de los 30 obvio) y tener a tus hijos (sobre los que tenias que acordar el nombre), pero antes de eso ibas a tener una vida de sexo, drogas, pánico y locura y todas las sensaciones que podías ver en las películas.
No sabías bien quien eras y por eso andabas cambiando de onda cada tanto, no sabias que estabas siendo o hacia donde ibas, pero el éxito estaba al final seguro. Ahora ya no te importaban tanto las tetas de las compañeras, también te importaba la carita, la cola y si tenía guita. Ya era todo un conjunto. Aún tenías estómago y te habías empolvado la napia alguna que otra vez y habías tenido algo así como un coma etílico, aunque nadie esté seguro.
Después la vida te empezó a cagar a patadas. Empezaste a sentir que tal vez el mundo era cruel y lo confirmaste, encadenaste un montón de cagadas formando una racha negativa que luego recordás como una crisis con depresión y todo. Te sentiste perdido. Te volviste a reencontrar y te perdiste igual de fácil, pero de otra manera como la vez anterior. En definitiva, te creíste crack y fuiste un gil. Te creiste un banana y lo eras, pero lo aprendiste a recordar con una sonrisa.
Ahí algo te hizo clic, ya tenías el lomo curtido y lo mejor de todo, habías aprendido que no iba a ser la ultima vez. Comprendiste que todas las cosas cuestan y que así como cuestan un montón, las podes perder en cuestión de segundos. Entendiste que la vida es corta y que perdiste algo de tiempo, pero que todavía te quedaba mucho para revertirlo.
Te hayas hecho o no te hayas hecho preguntas, sabemos vos y yo que es así.
Probablemente ya habías tenido un par de amores enfermizos, un par de amores intrascendentes y muchas gorditas que por el bien de tu ego olvidás y nunca contás.
La vida te golpeó y te tuviste que sobreponer. Nada te golpea tan duro como la vida. Si lo dijo Rocky, es verdad.
En esos casos contaste con tus amigos, esos amigos que seguro que no se parecen en nada a los de la escuela y el liceo, gente que fuiste recogiendo de todas partes, gente con la que el vinculo lo decidiste hacer vos y cuidarlo, porque cuesta, pero rinde. Esos hermanos que te da la vida.
Personalmente cuando me acordé de todo esto, ya estaba cumpliendo veinticinco años, había recorrido algo así como un tercio de mi vida (mas o menos, va a depender del Cáncer). Había aprendido un montón de cosas, batí records de cagadas ya sea en cantidad o calidad. Ya había tenido el pelo largo, ya me había rapado, ya había cometido algunos delitos y había evitado otros. Atenté contra mi mismo y contra los demás. Quise romper todo y lo hice, quise reconstruirlo a mi manera y lo hice. Pude hacerlo otra vez pero al final no quise. Era mejor convivir con eso, como buen irlandés ideológico, se convivir con cosas nocivas ad-eternum, de ser necesario.
Había aprendido a perder, a ganar, a pedir perdón, a no perdonar, a olvidar, a ignorar y millones de cosas mas que ahora no quiero ni podría enumerar.
Pero no me había aburrido de equivocarme y de querer seguir adelante, mejorar y desde un punto de vista tan utópico como relativo, de triunfar. La vida se trata de resistir los golpes y seguir adelante, eso es lo que te mantiene vivo. Y lo dijo Rocky, pero también lo digo yo. Porque así lo siento y espero seguir haciéndolo.