Etiquetas: anecdotas, catarsis, nostalgia
Callarse es quebrarse por dentro.
El mundo que me rodea está sordo, no importa que esté gritando. Mi mundo no escucha últimamente.
Y se está alejando todo.
Y no me lo voy a callar. Aprendí que si el mundo se mueve, volverá al mismo lugar.
No se que hice para que eso pase, pero como la gente tiende a callarse las cosas, espero por lo menos un una carta, una llamada, un mail. Uno cortito, que pegue las grietas como la gotita o uno gigante que dibuje una explicación.
Yo creo saber quien soy. Y conozco mis intenciones. Por eso no entiendo.
Por ahora voy a seguir gritando sin aire, rindiendo estos homenajes a mis nostalgias personales: a todo aquello por lo que ayer pude haber brindado, porque valió la pena, mientras no era pena.
Etiquetas: anecdotas, catarsis
Ahora que voy seguido a la Ciudad Vieja al mediodía, veo un montón de fanfarrones paseando con trajes caros.
¿Me pregunto si existe alguien con vocación de cajero o administrativo?
¿Les pagarán bien y sólo lo hacen por eso?
¿Vale la pena vivir pasando facturas a un excel?
¿Son reales las sonrisas de los burócratas?
Debajo de cada traje veo un montón de sueños rotos. La corbata está para apretar el cuello de los que no se animan a gritar.
Y en definitiva, la pregunta es: ¿Eso es ser alguien?
El dinero no hace la felicidad, pero alcanza para comprar la vida de muchas personas.
Me deja tranquilo saber que el mundo sigue siendo de los que tienen las ideas.